El primer texto en prosa que escribí, según mis cálculos, fue hace unos 35 años aproximadamente. No se trató de una ficción ni de un ensayo reflexivo. Nada que ver. Fue la crónica de un partido de fútbol. Estaba en el último año del secundario, definiendo mi vocación. Los domingos, después de comer, me gustaba mucho escuchar las transmisiones deportivas que pasaban, no recuerdo si por LV2 o LV3. Proponían un ejercicio interesante de imaginación; estimulado por el vocabulario —mucho más amplio que el mío— y la astucia de los periodistas y el relator. Antes de empezar un partido había una suerte de "editorial" que ponía en contexto la magnitud del encuentro y los distintos detalles del escenario, mientras tanto se esperaba la salida de los protagonistas de la "gesta", que eran los jugadores. Una puesta teatral que me mantenía pegado al centro musical, en la pieza de mi hermano, durante más de dos horas y permitía que mi mente viajara y disfrutara como si e...
Mantengo el recuerdo de una noche de reyes magos en que vi la silueta de mis padres, entre sueños, poniendo los regalos junto a los zapatos, al costado de la cama. Y que al otro día, en lugar de investigar y profundizar aquella visión nocturna, preferí seguir creyendo que habían sido los reyes magos. En definitiva, elegí seguir cultivando la imaginación, que es una de mis prácticas favoritas de la niñez (en otro momento contaré de un dispositivo que había creado con la imaginación y que me cumplía todos los deseos, como una lámpara de aladino, pero mejor). Le comentaba este episodio de los reyes magos a una querida colega -ella recordaba la vez que le habían traído un juego de sillones en mimbre, tamaño infantil- y me vino a la mente la palabra mímesis y su importancia en la construcción de nosotros mismos. Se trata de un concepto demasiado complejo como para tratarlo superficialmente. En el campo del arte, surge con la misma antigüedad greco-latina. Para Platón, la mímesis era una s...